Los que no han sido Musas: ¿masculinidad renovada, o falta de información histórica y social?

Diseñadores-Musas

Entrar en la biblioteca de la universidad, y rodearte de títulos conjugados en femenino es una pista de lo que la historia de la moda ha dejado como legado. A primera vista, pasearse entre los estantes saca a relucir nombres de diseñadores que han sido trending topic en la industria como Cristóbal Balenciaga, o Christian Dior.

-Vamos a poner las cartas sobre la mesa, que han sido influyentes ya lo sabemos, el punto al que quiero llegar es que en su amplia mayoría son nombres masculinos-. Al abrir ambos libros, sus orígenes recalcaban lo mismo, lo bien que vestían a las mujeres. Hombres vistiendo a mujeres.  

Si pudiera ir a tomar un café con ambos, les preguntaría: mientras vestíais las modelos, ¿quién os vestía a vosotros? La pregunta no gira en torno a un traje y una corbata, estoy hablando de ser musas, en este caso -en el que la palabra ni existe, perdóname RAE-, de ser “musos”. 

Idealizar la feminidad más delicada:

La historia de la moda que hay en la mayoría de los libros se centra solo en la delicadeza de la feminidad, tanto por el contexto social de su represión, como por la flexibilidad estilística y artística que se ha otorgado a la ropa catalogada como “de mujer”. La herencia histórica entre lo que hipotéticamente pertenece a un hombre, y lo que pertenece a una mujer, es uno de los problemas. 

Las revistas cabeceras del mundo de la moda también se reducen al hábito femenino. Aunque haya revistas pioneras en digital como Madmenmag, no existe una en papel especializada en moda masculina que tenga tanta repercusión y tirada nacional, como, según Statista, tienen Vogue, Elle y Cosmopolitan. 

El mercado en papel se ha deconstruido mucho después de la pandemia, así que esta puede ser una oportunidad para reconstruirse eliminando barreras de género. 

La historia de la moda y el movimiento genderless:

Aunque la historia de la moda no le tienda demasiado la mano al movimiento genderless, el auge de venta de artículos como bolsos y faldas en el mercado masculino es evidente. Hace unos años, no hablamos del siglo XIX sino de hace una década, quién se imaginaría que el Harry Styles adolescente, protagonista de una boy band heteronormativa, acabaría siendo el primer hombre que bautiza una portada de Vogue 10 años después. Y es que es innegable que el auge del mercado masculino en el mundo de la moda se ha visto impulsado por la influencia de este tipo de perfiles.

Lo que en los 70’s significó para su entonces Queen, ahora, aunque sin pertenecer al mismo estigma social, lo canta Bad Bunny en su single Yo Visto Así. Cacareando sus lyrics “mi valor no se basa en como yo me vista” y protagonizando campañas junto a Jacquemus es un ejemplo del concepto “masculinidad renovada”. Esperemos que no se trate únicamente de una estrategia comercial. 

El riesgo de que la moda lo convierta en tendencia y banalice:

Uno de los riesgos es que esta difusión se traduzca a una moda y no a un movimiento a la altura de las necesidades sociales. Esto ha sucedido, por ejemplo, con el green washing en cuanto a sostenibilidad (Inditex, que te vemos), o con el auge del concepto “campaña de márquetin con cuerpos reales” como si no lo fueran todos. 

Portadas como la de septiembre de 2021 de Vogue Hommes de París, abren una puerta que aún se cierra, así que más que una puerta sigue siendo una gatera.  

En el peor de los casos -mediáticamente hablando-, si los medios introducen la ropa genderless como una moda más, el movimiento se convertiría en una tendencia ofrecida por el prét-a-porter, y no nos aportaría una visión social permanente y atemporal.

Si miramos por un telescopio y valoramos la situación de manera global, veremos que, como en la búsqueda de libros sobre moda masculina, a primera vista no hay nada más que patrones de sastre, pero si indagamos, hay un amplio universo de micro reivindicaciones que la sociedad urge descubrir, y mucha historia que escribir.

No sé vosotros, pero mis expectativas de futuro cada vez son más altas, yo no quiero un novio que me compre un Birkin, yo quiero un novio con el que pueda intercambiar mi Birkin. 

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