El más vivo Vintage: Por qué queremos lo que no tenemos

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Vivimos en la constante oscilación entre la demanda de aire fresco y el querer sentirnos arropados por lo tradicional. Nos contradecimos. Queremos poder reconducir nuestra vida hacia la zona de confort de la cual intentamos huir, por si el riesgo nos sale mal. No nos gusta sentirnos extraños. Nos gustan los planes «B» por si nos dejan tirados, los porsiacasos de los que llenamos la maleta, y queremos un colchón económico por si se nos estropea la caldera. Tenemos un contacto de emergencia. Necesitamos saber que algo o alguien está ahí cuando las cosas se tornan «rarunas».

Si lo extrapolamos a nuestros armarios encontraremos ropa con la que sentimos más apego emocional que conexión estilística, una gran colección de básicos -que ya quisiera Zara-, y en mi caso, una blazer negra que siempre invito a mis entrevistas de trabajo. Se calcula que hay 9 billones de prendas en todo el mundo que se quedan en los armarios, y sí,  en gran parte por la relación de afecto que creamos a partir de los recuerdos. Debo confesar, que pocas me parecen para lo precavidos que somos a veces. 

¿Cómo vestimos?

¿Si no utilizamos lo que tenemos en el armario, qué es lo que vestimos? Para responder a esta pregunta debemos tener en cuenta que somos los protagonistas del siglo de la logomanía. El estatus se mide con etiquetas, precios y el no repetir conjunto. Utilizamos la sostenibilidad, la inclusión y los movimientos sociales como tendencias y herramientas comerciales. Somos caprichosos, indecisos, queremos sentirnos exclusivos, pero miramos al vecino para saber cómo serlo. Lo queremos todo, y el prét a porter nos tendió la mano para subir ese escalón, ahora, queremos lo contrario porque nos hemos cansado de ir a por el pan y que nuestro outfit coincida con el que lleve el panadero. 

Antes de la pandemia, la ropa de segunda mano se percibía como una pieza usada, sucia y barata. Después de los tórridos meses encerrados y de muchos vídeos de María Kondo, nuestra impresión sobre este tipo de compra venta ha cambiado. Hemos transformado esa idea en una búsqueda del tesoro, concediendo a las prendas un valor intangible e incalculable, la exclusividad. 

Cuando consumimos hauls en Tik Tok, -sí, en Tik Tok, lo siento instagramers pero Tik Tok is the new black-, sobre el Versace del 95 que han encontrado en un mercadillo de Nueva York, o sobre los Levi’s naranja 501 con los que han topado en El Rastro por 5€, queremos ir. Tenemos mucha ropa en el armario que debe ser invisible porque no nos la ponemos. Queremos «la prenda» que nos haga viralmente irrepetibles. La ropa de lujo vintage nos permite democratizar ciertas marcas y alcanzar ese estatus por el cual peleamos. Porque puede que acabemos con 0,35 céntimos en el banco, pero mi fotito con mi nuevo Fendi no me la quita nadie. 

El mercado de segunda mano – o tercera – en aumento

A causa de lo anterior el mercado de segunda mano sigue en aumento. Fingiendo ser un poco pitonisa creo que aún no ha llegado a su punto más álgido. ¿Su claro éxito? El bajo coste, la exclusividad, el constante desglose de tendencias, la aproximación a las firmas que no nos podemos permitir económicamente y la compra de «porsiacasos». Las marcas se empiezan a dar cuenta de que no pueden competir con este tipo de comercio, ya que ahora se valoran más las prendas que no se fabrican a las que están en tienda. No hay nada como barrer hacia casa y salvaguardar la marca, por eso, por un lado, firmas como Gucci tienen la iniciativa de crear su propio espacio para sus prendas second hand, y por el otro, diseñadores como Alexander McQueen colaboran con las plataformas que impulsan el movimiento, en este caso en concreto con Vestiaire Collective -si no puedes con tu enemigo únete a él, dicen-. 

Aparte, las producciones audiovisuales tienen mucha influencia. Con Emily in Paris se ha disparado el pan, quiero decir, las búsquedas de la baguette de Fendi. Con Los Bridgerton volvió el corsé y se introdujo como un must en nuestro Street Style. Ahora el reencuentro de la sitcom Friends o películas como Clueless han influenciado la vuelta de los 2000’s. ¿Pero por qué vuelven? Justo por eso, porque ya no están.

¿Por qué vuelven las tendencias?

Las tendencias suelen sufrir un ciclo de 20 años desde que mueren y encuentran otro motivo por el cual resurgir. Podemos metaforizar que las tendencias funcionan como los cigarros, los enciendes y emergen, toses disgustado pero los acabas consumiendo, al final el humo junto a su influencia se dispersa, se apaga y sacas otro para encender.  Con esto quiero decir que todo aquello que percibimos de manera disonante, con el paso del tiempo rimará estéticamente y hasta desbancará las prendas que antes amábamos como Cupido (o el capitalismo) un 14 de febrero. 

Un claro ejemplo son el rosa y el rojo. Harper’s Bazaar en su versión en papel de marzo de 2019 ya anunciaba la reconciliación del rosa y el rojo en una editorial, pero hasta la temporada A/W de 2021 no vimos aterrizar la tendencia en las tiendas de a pie, al menos, no de manera tan viral vista traducida en la fuerte demanda del jersey de rayas de Zara que combina ambos colores. 

Compramos vintage como si fuera prét a porter

Una idea con la que nuestra cabeza no puede evitar asentir, es que la nostalgia se vende muy bien. La ansiedad por llegar a tiempo ha sido un factor determinante en el prét a porter, y esa manera de trabajar ha conseguido un billete con transbordo en nuestra educación de compra. A esta shopping education se le suma el capricho humano de querer lo que no tenemos y conseguir una pieza que nadie vaya a repetir. Ahora compramos vintage como si fuera prét a porter. Estos factores han influenciado en que la vuelta del estilo y2k haya sido tan orgánica, tanto que hasta se asoman en los catálogos los temidos jeans de tiro bajo. ¿Quién no echa de menos la era de Britney Spears?

Cuando es invierno tenemos hambre de verano, pero cuando es verano estamos deseando estrenar el jersey de invierno que compramos en las rebajas de junio. ¿Cuántas veces has deseado ser de otra época? ¿Cuántas veces has querido volver a tu juventud? Y es que la conclusión es clara.

Sentimos rechazo por el ayer, pero nostalgia por el anteayer. El antojo de querer lo que no tenemos no nos deja disfrutar nuestro presente, mientras el miedo a arriesgar hace que compremos prendas de más que «casi» ya tenemos en el armario. Volvemos a casa con un jersey rosa chicle, pero con dos halters negros. Acabamos depurando nuestro armario regalándole a nuestra prima nuestro ex «plan A» del 2018, después de comprarnos nuestro nuevo plan B, C, D y E en un Flamingo’s Vintage Kilo, probablemente todos del mismo color tonal. 

Mientras esperamos conocer que nos depara el nuevo presente, seguiré refrescando mi perfil de Vestiarie Collective por si alguien quiere desprenderse «de su baguette», Yellow Scented de Fendi. Ínterin, porsiacaso, continuaré salvaguardándome en mi blazer oversized cuando lo necesite. Supongo que cuando creces cambias la mantita de noche por una prenda favorita. 

 

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