Todos hemos soñado en ser alguien que no somos. Cuando huimos, empezamos de 0 por el breve instante de 4 noches y 5 días en un resort.
Por ello, este artículo es otra manera de reunir todo lo que necesitas para huir con estilo. La frase funciona como promesa, pero también como síntoma, ya que lo contemporáneo en unas vacaciones no es tanto el descanso como la necesidad de representarlo.
¿Compras ropa antes de irte de viaje?
Nos disfrazamos en tiendas de España cuando podemos llenar la maleta de prendas locales de Bali.
Existe casi una urgencia por construir el look antes que la experiencia, parece que necesitáramos llegar ya siendo esa versión de nosotras mismas. Y, sin embargo, la paradoja es evidente, viajamos a lugares con identidades textiles propias, mercados, artesanía… para ignorarlos deliberadamente y llenar la maleta desde casa.
Quizá no se trata solo de estilo, sino de control. De asegurarnos de que, pase lo que pase, la narrativa visual ya está resuelta.
La moda lo entendió hace tiempo. Las colecciones Spring/Summer ya no solo diseñan ropa para el calor, diseñan narrativas completas: destinos, actitudes, versiones idealizadas de una misma. Y en ese ejercicio, el armario deja de ser funcional para convertirse en un tablero de Pinterest de recomendaciones de lo que ya nos gusta.
Hay algo casi irónico en plantear looks para cada destino cuando la mayoría de los viajes nacen de decisiones de última hora, vuelos low cost y agendas improvisadas.
Pero, ¿qué necesita tu maleta?
Canarias se vende como libertad desenfadada, Grecia e Ibiza como blancos editoriales sacados de los 2000, Sri Lanka como espiritualidad estética, incluso el norte, con sus capas, tiene su disfraz. Todo está codificado, etiquetado, listo para ser consumido.
Si el look sostiene el relato, ¿qué pasa cuando el viaje no está a la altura?
Por ende, la experiencia se simplifica en una serie de decisiones estéticas que, aunque efectivas, corren el riesgo de frivolizar el propio acto de viajar. No se trata tanto de descubrir un lugar como de encajar.
La moda, por supuesto, no tiene la culpa. Hace lo que mejor sabe hacer, traducir deseos en imágenes, y el deseo actual no es solo viajar, es parecer alguien que viaja bien.
Supongo que hay que asumir que el estilo puede elevar cualquier plan, incluso uno last minute. Desde que hasta un café se puede pagar a plazos, la primera clase ya no está en el billete, sino en su percepción.
