Las cartas de amor de los bolsos de Chanel nos recuerdan que el romanticismo – aunque lo consumamos influenciado por distintos niveles de estados de ánimo – sigue siendo interés de front row.
Estas cartas de amor trasladan el estado de ánimo de cualquier viviente a la voraz maestría con la que Humbert Givenchy envolvía a su musa Audrey Hepburn en un vestido plisado en el año 55. Él quería lo mejor para ella, y esos eran sus diseños. Y aunque ahora las canciones -lo más cercano a la poesía de consumo masivo- se disfrazan de amor a través de la desnudez, nos obligan a olvidarnos de que el amor también es ceder nuestra chaqueta cuando el otro tiene frío, no solo quitarla. Ceder y crear.
Reagrupados bajo el caudal de la última propuesta de haute couture, y después de asomarnos al alma de Matthieu Blazy a través del último desfile de Chanel, nos importan una «seta» -¿o era un pimiento?- los haters del amor.
Las óperas, esculturas, conciertos, obras de teatro, poesías, libros y rom-coms nos gustan porque nos emocionan. Y es que, ¿qué sería la moda sin la emoción, sino una triste y funcional prenda? La fantasía siempre será un sí. Y que hablemos, escribamos, y leamos sobre ello, que debatamos sobre unas cartas bordadas en un bolso con la que está cayendo, se torna irónico y frívolo para muchos, pero es nuestra vía de escape. ¿Y que es sino el amor? Una vía de escape.
Este desfile es una señal casi hipnótica de libertad y ligereza onírica. Y existe una correlación directa, que cuánto más hierven los comentarios de un vídeo de YouTube, más fiel eres a ti mismo.
En ellos puedes leer críticos minimalistas con un límite autoimpuesto de 5 palabras, «terrible, Karl would freak out». Veinticinco caracteres sin espacios. Un nuevo formato de columnismo fast food que mi generación no estudió en la universidad.
Ahora, todos somos expertos por tener un móvil, que es, a mi parecer, prácticamente igual de corriente y equivalente a tener DNI. Asimismo, si un mensaje envenenado puede ser lanzado desde el anonimato, sin duda, lo van a disparar.
La preocupación en cuestión es, ¿por qué los críticos ya no critican?
Cogen el altavoz quienes no tienen título, porque quienes sí lo tienen prefieren callar para no perder su carta de amor, la invitación al próximo desfile. Mientras tanto, nos abalanzamos sobre los que no pertenecen al supuesto «consejo de sabios» cuando añaden un comentario en YouTube. Son ellos -tengan o no razón- quienes estructuran en -muy pocas- palabras lo que muchos, cómodamente sentados en el front row, eligen eludir.
Pero, ¿por qué la moda se deja a merced de escrutinio público? ¿A tweet -que no a tweed- libre?
Porque es incontrolable. Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, Virginia Woolf y Vita Sackville-West, Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas, Napoleón y Josefina, todos ellos se escribieron cartas.
El amor, el horror y el error te impulsan a escribir, la apatía no.
Coco Chanel decía que el bolsillo interior del bolso clásico era para guardar las notas de los amantes. Y el refranero popular siempre se a postulado a favor de que «quién se pelea se desea», así que Matthieu Blazy, si siente lo mismo, deberá guardar las críticas minimal en ese bolsillo selectivo.
Otra manera de materializar el amor moderno, supongo.
