«Dime de qué presumes y te diré de qué careces», este sería el primer tuit que publicaría el lujo silencioso si pudiera escribir en redes sociales. Pero, ¿qué papel juegan los botones en una prenda? Amiga, sigue leyendo, y ata todos los cabos.
¿Cuántos jerseys de tu abuela has podido rescatar de su armario …o del de tu madre? En la redacción hemos hecho un recuento y, sorprendentemente, conservamos intacta más moda vintage, que algunas de las prendas que compramos hace tres años, -y es que muchas, después de una temporada de uso no salen a flote-.
Los botones como moneda de cambio del mass market:
El lujo silencioso nace como un grito de auxilio a la moda rápida y a la oleada -que ahogó muchos vestidores- de la logomanía, impulsada por la necesidad de exhibir la cuenta del banco a través de las telas. Esta corriente agónica y antónima no es casual, ya que coincide con la temporada del “cashmere” y con el crecimiento de marcas atemporales como Polène, y Loro Piana. El lujo silencioso nace para defender que el «consumo» no es sinónimo de tener un estilo «con sumo gusto».
Amiga, recuerda que no hay nada más elegante que vestir porque te gusta la prenda, y no por la marca o logo que la protagonice. Para ello te damos un tip. Antes de comprar una pieza, cierra el ojo izquierdo y tapa el logo con tu mano. Piensa y reflexiona. ¿Te sigue gustando? Si sin ese logo no lo comprarías, sentimos confesarte que no te gusta la pieza, sino el estatus y la posición social que representa.
Siempre hemos relacionado la elegancia con las marcas de lujo, pero en plena era de las falsificaciones, los logos están mucho más democratizados y han perdido valor en relación a la exclusividad que antes emanaban.
Pero, ¿qué papel juegan los botones?
Los botones de un jersey son los anillos de una persona, su carta de presentación. Mientras con la joya puedes descubrir si alguien está comprometido, con los botones, puedes descubrir si te durará más de un telediario -que es otro tipo de compromiso-. Pero rebobinemos. Los botones empezaron su trayectoria con un objetivo completamente funcional, fue el paso del tiempo que los ostentó. Estos comenzaron a fabricarse con materiales preciosos -como oro, plata o lapislázuli-, transformándose en un símbolo de estatus -y por eso los botones antiguos son coleccionados. Este estilo de ‘exhibicionismo’ está siendo reemplazado gradualmente por la discreción, y es que no hay nada más exclusivo que vestir aquello que solo un ojo entrenado puede reconocer. Podríamos decir, que el lujo silencioso se ha convertido en el saludo secreto de dos mellizos que acaban de inventarse un idioma -sí, un código reservado para muy pocos, hasta que se filtra el secreto-.
Preferencia por aparentar, que por ser:
La sociedad se ha saltado los botones joya que pasaban de traje a traje -sobreviviendo al propio deterioro de las prendas y cosiéndose en otras-, como si fueran una intro de Netflix. Hay una preferencia genérica por aparentar que la prenda es buena, a que realmente la prenda sea buena. Por eso los botones actualmente se utilizan más como decoración que como cierre, aumentado su cantidad pero de menor calidad. Mientras hay prendas que son elegantes de forma innata -como lo son Gwyneth Paltrow, o la reina Leticia hasta enfundadas en un chándal de Juicy,- hay otras que necesitan esconder su composición con los brillos. Entretanto, el lujo silencioso evita a toda costa el uso de ellos, a no ser que sea imprescindible.
Desconocemos si la venganza a la ostentosidad durará muchas temporadas, lo que sí sabemos, es que sí permanecerán las prendas que llevan este movimiento por bandera. Amiga, ¿a ti qué te parece?
